Articulo Publimetro revista mujeres aparecido el martes 5 de abril.
Sibutramina: El comercio ilegal y los “viudos” de la desaparecida droga

Desde que en octubre del año pasado el Instituto de Salud Pública (ISP) dictaminó que este anorexígeno saliera de circulación en Chile, y además se diera su baja mundial, se han alzado voces expertas disconformes con la medida. Muchos acostumbrados a su uso han debido conformarse con alternativas aún más peligrosas, y el mercado negro ha desplegado una serie de reemplazantes de dudosa reputación. Fuimos en busca de los huérfanos de este medicamento, y esto es lo que encontramos.

En los tiempos que corren la delgadez, a veces extrema, es símbolo de éxito y belleza. Convertida en virtud, muchas la buscan y procuran por sobre todas las cosas; así fue como la Sibutramina se convirtió en piedra angular de este propósito durante años. Éste anorexígeno, que se creó como antidepresivo pero que al poco andar manifestó su verdadero talento como inhibidor del apetito, elevador del metabolismo y del gasto energético, fue aprobado en nuestro país para su comercialización en 1999 sólo bajo receta retenida, y hasta el 20 de octubre del 2010 se vendían más de 700 mil cajas al año, bajo 38 marcas diferentes y de 22 laboratorios distintos, bajo nombres como Ipogras, Atenix, Reductil, Saton, Medixil, entre otros.
Hasta el año pasado, la Sibutramina era parte de los tratamientos contra la obesidad de miles de pacientes, pero también era el chaleco salvavidas de quienes buscaban bajar esos kilitos rebeldes justo antes del verano, de todas las que necesitaban controlar sus medidas, y el negocio más redondo de dealers que, on line, la ofrecían a un promedio de $20.000 la caja (cuando en farmacias y con receta retenida costaba $7.000).

Pero estudios realizados en Europa pusieron en tela de juicio la efectividad de sus componentes; la Agencia Europea del Medicamento recomendó a todo el mercado sacarla, las conclusiones llevaron a la suspensión de su comercialización en España, y la FDA emitió una alerta para que los enfermos cardíacos se abstuvieran de consumirla. En Chile, el Instituto de Salud Pública (ISP) generó una alerta sanitaria el 22 de enero del año pasado, recomendando a médicos y farmacéuticos evaluar su uso y a recordar a los pacientes que su venta era controlada.

A esas alturas se sucedían las denuncias en los medios de comunicación, sobre el impacto que tenía en decenas de mujeres que la tomaban sin control médico. El programa “Contacto” abordó el consumo y tráfico de Sibutramina el 27 de Julio de 2010, y gracias a ello varios dealer fueron detenidos por la Policía de Investigaciones. En el reportaje salían testimonios incluso de actrices y rostros que la consumían y que habían sufrido los embates de sus excesos. “Hay que ser responsable con el cuerpo…, es que pueden pasar tantas cosas, pero fui un poco irresponsable”, confesaba, por ejemplo, Katherine Mazoyer sobre las consecuencias que en su organismo tuvo haber consumido el medicamento.

A poco andar se contabilizaban 34 personas fallecidas por problemas cardiovasculares tras consumir la droga: 28 en Estados Unidos, dos en Italia, dos en el Reino Unido, una en Sudáfrica y otra en Suiza. De nada valió el reclamo de expertos que defendieron su uso bajo prescripción de un especialista, apuntando a que el verdadero peligro estaba en quienes la consumían ilegalmente. La alarma cundió, y uno tras otro los países prohibieron su venta.
Huérfanos de la Sibutramina.

“De un día para otro, muchos pacientes se sintieron pésimo; en algunos casos hubo efecto rebote por dejar de pronto de consumir el medicamento. Hay quienes realmente necesitan la Sibutramina. Yo creo que utilizándola en determinados pacientes no hay ningún problema, lamentablemente hoy no hay ningún medicamento que tenga el mismo efecto” explica la médico nutrióloga de la Clínica Cordillera, Sandra Ferone.

Mónica Manrique, médico nutrióloga de la Clínica UC San Carlos de Apoquindo, es más taxativa. “Nosotros como médicos nutriólogos nunca estuvimos de acuerdo con el motivo del retiro. Creo que fue una mala decisión del organismo de salud a nivel mundial, ya que este medicamento nunca se ha utilizado en pacientes con riesgo cardiovascular; es más, está contraindicado para ellos desde que partió su uso el año 1997. Creo que fue un error, una mala interpretación de ciertos datos y medidas que las tomaron autoridades de salud pero no médicos especialistas. Ahí estuvo la controversia, porque la decisión debería haber sido tomada entre la autoridad y los médicos que estamos trabajando con el tema. Acá y en todos lados fue una decisión unilateral”.
La especialista cree que lo ideal “es regular en forma estricta al médico que lo está dando, controlar la mala indicación, tráfico y automedicación, ya que es muy seria esa problemática. Estos medicamentos tienen riesgos y deben ser controlados, pero no se debía retirar, ya que era muy efectivo administrado correctamente. La obesidad es una epidemia mundial, y hay muy pocas armas efectivas farmacológicas para pacientes obesos”.

Por otra parte la nutrióloga de la Clínica Alemana, Jessica Ahuad, cree que su ausencia no deja del todo huérfanos a los pacientes. “En términos generales la Sibutramina era segura, no había grandes catástrofes. Pero hoy debemos trabajar con lo que hay, que de todos modos da resultado. Mis pacientes se volcaron a trabajar los cambios profundos de estilo de vida, y ha resultado. En el fondo, nos sirve para creer en que los cambios no farmacológicos de vida saludable son más reales y efectivos en programas multidiciplinarios. Ahora, sin duda este aneroxígeno era un medicamento eje antes de la prohibición”.

Por otra parte, Pamela Rojas, nutrióloga de la Clínica Avansalud, explica que el efecto negativo en pacientes ya tratados con el fármaco no debió ser de rebote. “El avance sin este medicamento es, sin duda, más lento, pero no puede haber efecto rebote, ya que este se presenta cuando el tratamiento sólo se afirma en medicamentos y en tratamientos de este tipo no se da aquello”.
Y es que el tratamiento contra la obesidad tiene cuatro pilares: la alimentación, hábitos, actividad física y los medicamentos. “Entonces, tres de ellos quedaron, por lo que si bien se retiró el medicamento, nos quedamos trabajando con las herramientas no farmacológicas” explica Manrique.

A nivel farmacológico los nutriólogos han estado trabajando con otro tipo de fármacos, que si bien no se utilizan normalmente para combatir la obesidad, tienen algún efecto en controlar el apetito. Estos son algunos antidepresivos, antiepilépticos, con acciones metabólicas que ayudan al control del apetito y a bajar de peso. “En el fondo hoy es más difícil para el médico, ya que hay que estar viendo en profundidad, con exámenes, si tal o cuál medicamento puede servir y que no vaya a resultar peligroso utilizar combinaciones de fármacos para un paciente en particular. Ahora, son todos medicamentos que están probados y que se han estudiado en mezclas, para ayudar a bajar el apetito y bajar de peso. Hoy es más complejo el tratamiento. Si tienen efecto, los tienen. Pero antes con la Sibutramina era mucho más sencillo”, puntualiza la especialista del CTO de la UC.

Judith (34) comenta que su situación era controlada y apunta al tráfico ilegal como principal responsable de esta medida. “De veras qué lata lo que sucedió. No todos la tomábamos de manera inconsciente. Yo nunca me saltaba una comida aunque no tuviera apetito, porque sabía que no es sano. A mí la Sibutramina me ayudó mucho a controlar la ansiedad para no comer a deshoras. Ahora, con mucho esfuerzo, no logro bajar de peso. Es injusto, ya que uno se realiza todos los exámenes antes de tomarla como se debe, y al final paga por los irresponsables que la compran para bajar dos kilos”.

Ahora, hay otros dos grupos que se resintieron tanto o más que los anteriores con la salida del mercado de la Sibutramina: aquellas que la conseguían para bajar algunos kilos, en recetas facilitadas sin control real, o que derechamente la compraban en el mercado negro. A días de la salida del mercado del fármaco, el año pasado, se crearon grupos de Facebook reclamando por la falta del medicamento; los dealer no dieron abasto y en pocos días vendieron todo su stock; mujeres desesperadas compraron al doble de su precio, y por cientos, las cajas que se podían conseguir por Internet, y se agolparon en las consultas médicas para pedir a sus especialistas que les dieran algo similar para poder seguir controlando el peso.

Una delgada Francisca W. (periodista, 28 años) quedó devastada tras la desaparición de la Sibutramina. “Ya había tenido un bajón anterior, cuando por acusaciones y denuncias no quedaba a quién comprarle. Pero después, cuando la prohibieron, llegué a pagar el doble por cada caja y compré lo que más pude. He probado varias otras cosas y nada funciona como la Sibutramina, nada. Así que me las he arreglado, pero no queda mucha oferta real para comprar. ¿Por qué sucede esto? Tenemos derecho a decidir qué hacer con el cuerpo y la vida. Si a uno le resulta, no entiendo por qué lo impiden”.

Otra delgadísima Isidora G (diseñadora de ambientes, 32 años) ha buscado desesperadamente un sucedáneo, y hoy ha reemplazado la desaparecida pastilla por Mazindol y Ripped. “No quiero hacer nunca más dieta. Desde los 9 años que las hago y nunca resultaron. De chica le robaba las anfetaminas a mi mamá y eran satánicas, pero después encontré la Sibutramina. Siempre tengo problemas con dos kilos que en mi cuerpo cuesta muchísimo bajar. Con ella se iban altiro. Vi los reportajes y la prohibición, y me dio ‘ene’ rabia. ¿Por qué está permitido fumar, tomar y no consumir algo como esto? Ahora tomo Mazindol, que se supone que es un equivalente a la Sibutramina; es mula encuentro yo, pero por último que sea efecto placebo”. Isidora en su búsqueda incluso depositó dinero a un tipo que vendía por internet y que luego de recibir el depósito desapareció. “Hace seis meses el tipo desapareció con la plata. Pero desde el 2009 que compro así y es primera vez que me sucede. Uno después se vuelve experta, leo bien los foros y uso la intuición”, detalla.

Andrea R (traductora, 27 años) tomó la desaparecida píldora por cuatro años, durante los cuales sufrió los reconocidos efectos de taquicardia, sed, insomnio e irritabilidad. Tomaba cerca de cuatro pastillas diarias, cuando lo normal no debe exceder de una, y la receta se la conseguía con un médico amigo. Cuando se quedó sin fármaco comenzó a reemplazarlo por todo tipo de adelgazantes. “La verdad es que me siento más pesada, me da hambre y comienza mi tortura de contar calorías, de vomitar si me excedo, de tomar todo lo que me datean para ver si la grasa de mi cuerpo se absorbe y bajo algo más. Sé que esto me hace pésimo, pero no puedo subir de peso. No sé de dónde sacan eso de que las gordas son felices, si se ven pésimo y dan pena”.
Vendo y compro “equivalente a la Sibutramina”
Basta con googlear “Anorexígenos” o “equivalentes a la Sibutramina” para que salten decenas de páginas donde se ofrecen diversos medicamentos de manera ilegal, que prometen calmar las ansias de comer. Páginas como “jaja.com” o “rie.cl” tienes decenas de anuncios. “Hola, ¿quieres bajar de peso rápido? Tengo para ofrecer Mazindol de 3 mg, la entrega en Santiago es personal en algún Metro. Si quieres contactarme mi correo y mi número son… ”. Venta ilegal que está a la mano.

Sin embargo, al consultar en la Policía de Investigaciones, Macarena Olivares, de Asuntos Públicos, nos explicó que no existe un departamento específico que haga este tipo de seguimientos. “Lo que hacemos es que, si existe algún tipo de denuncia puntual, se hace la investigación correspondiente. Pero no tenemos un departamento o área que se dedique a investigar este tipo de tráfico. Es posible que existan investigaciones en curso, pero se trabajan a nivel independiente en cada unidad y no es información centralizada que se pueda requerir”.

Ahora, lo grave es que en estos sitios no sólo se puede acceder y comprar lo que se ofrezca. Lo peor es que nada de lo que se encuentra está debidamente certificado. Es así como ofrecen mezclas capsuladas que prometen maravillas: Ripped, Mazindol, Afilan, Dimagrir, Fastin, llezol, Liofindol, Obendol, Samonter, Sanorex, Solucaps, Tenorac. Evidentemente este tipo de riesgo no es menor. La nutrióloga de la UC explica que “en general al comprar medicamentos en forma ilegal uno nunca sabe qué trae: no sabe cómo fue encapsulado o los elementos adversos que tiene. No se sabe además la procedencia de esos medicamentos, tal vez fueron hechos en un laboratorio artesanal en India o China. Y los problemas pueden ser bastante complejos de manejar”.
Uno de los nombres que más popularidad tiene entre estas páginas es el Mazindol. “Es un fármaco que se ha utilizado antiguamente, está orientado a la disminución del apetito. No es un medicamento malo, pero por su mecanismo de acción, su efecto, no dura más allá de tres a seis meses. Por lo tanto hay una situación que se produce entre los tres y seis meses que hay que aumentar la dosis para que se mantengan los mismos efectos, y al aumentar la dosis empiezan a aumentar los efectos adversos”, explica Manrique.

“El problema de la obesidad es que es una enfermedad crónica, por lo que se necesita utilizar medicamentos por largos periodos de tiempo. Estos son de acción corta, temporal, de no más allá de seis meses. Después, para mantener el efecto, se debe aumentar la dosis, lo que trae taquicardia, alza de la presión arterial, alteraciones de tipo sicológica”.

“Los fármacos antiguos como Mazindol, Frenproporec, Detilpropiol, que se utilizaban mucho en recetas magistrales, tal vez están aumentando su uso pero, ¿por qué ya no se usaban corrientemente? Porque no son medicamentos que se puedan utilizar de manera crónica”.

Otra visión

La sicóloga del Centro de Tratamiento Contra la Obesidad (CTO) de la UC, Cecilia Barros, explica que esta realidad que se ve hoy es importante ponerla en perspectiva. “En general creo que no hay que hacerse dependiente a un medicamento, y menos en problemas de peso. Hay un porcentaje de personas, sobre todo mujeres, que siempre están buscando la solución mágica para bajar de peso. Y estos medicamentos tienen un poco eso. Sin embargo, son a corto plazo, una mala solución. Creo que la fórmula es educar: no existe tratamiento fácil y rápido, es un autoengaño”, explica.

“A mí me toca ver muchas personas que hacen tratamientos solos, con medicamentos para recuperar un buen peso. Pero llegan acá y les decimos de inmediato que si quieren realmente bajar, hay que trabajar; es paulatino y hay que hacer ejercicio. Y muchos piensan que sin el medicamento no podrán bajar de peso, pero se sorprenden con el resultado gracias a un trabajo y apoyo integral”.

Los reemplazantes de la Sibutramina

Existen dos tipos de fármacos que hacen nata en el mundo dealer on line ¿Cuáles son? ¿Qué efecto tienen?

Mazindol: Es un anorexígeno, no anfetamínico, que inhibe el apetito. Sus efectos adversos pueden ir desde la constipación, pasando por nerviosismo hasta la taquicardia y la alteración del sueño. Ni hablar de los riesgos cardiovasculares, que pueden llegar a ser peores que los de la Sibutramina.
Por su mecanismo de acción su efecto no dura más allá de tres a seis meses. Entre los tres y seis meses hay que aumentar la dosis para que se mantengan los mismos efectos y al aumentar la dosis empiezan a aumentar los efectos adversos como taquicardia, alza de la presión arterial, alteraciones de tipo sicológica.

Orlistat: Se vende legalmente bajo nombres como Xenical, Viplena, Liberat, Oradiet, etcétera. Este fármaco actúa a nivel de la absorción de los lípidos en el tubo digestivo, y no disminuye el apetito. Los pacientes bajan 1 a 1.5 kg/mes, y cuando se toman varias veces al día existe el riesgo de defecarse si se hace fuerza o se ríe con ganas. No se bajan más de 4 kg en 6 meses o un año.
Fue cuestionado por la FDA por casos de daño hepático. Al usarlo continuamente y varias veces al día produce avitaminosis, pues impide en parte la absorción de vitaminas liposolubles. No es recomendado en patologías como úlceras, gastritis, colon irritable etcétera. En nuestro país se vende sin receta ni prescripción médica.